Historia

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“Quien a su padre parece, honra merece”

Este sabio refrán popular puede aplicarse con razón a la figura de Tomás Casanova que con su familia desde tiempos inmemoriales han sido molineros, y rindiendo un continuo homenaje con su restaurante al que bautizó hace ya
casi 42 años como El Molino.
Alcarreño por nacimiento, este castellano, molinero y panadero en su Romancos natal, desembarcó en Madrid en el año 1960 para hacerse cargo del restaurante de la Casa de Guadalajara. Allí, según confiesa, sin apenas conocer el mundo de la restauración (lo que sí sabía hacer y muy bien era asar corderos y cochinillos como lo hacía en el horno de su panadería) comienza con su inseparable mujer Amparo a cocinar.

Después de unos años, en 1965 su paisano Manuel Criado del Val le lleva a los Festivales de Hita como Maestro Asador; su rotundo éxito le hace repetir en 1966 y decidirse a abrir su propio negocio al que llama El Molinero, un nombre
con el que le conocen en su pueblo.

En 1977 compra una casa de campo, en los aledaños de San Sebastián de los Reyes, que se había convertido en un comedor para las industrias de la zona y a la que vio gran porvenir. Lo que hoy ha sido una tarea de muchos años, de
empeño y tenacidad, de trabajo y pasión por la vida y la cocina.